La cara y la cruz de un sueño solidario
Relato enviado por Ana Belén Castro

Hace alrededor de 24 años una niña, Marga, nació en el seno de una rica familia. Creció y alimentó su ilusión del día a día con su entrega a los que la rodeaban, pero sus padres no aceptaban que su corazón estaba en manos de los pobres. Aprendió a ser independiente, sus ideas así lo quisieron. Había una persona para ella como un padre, que desde el cielo la quería tal y como era y nunca le prohibió dar su tiempo ni regalar su sonrisa a los que no tenían nada. Cuando tenia 16 años estudiaba en el colegio más importante de su ciudad. Tímida y callada pero con notas excelentes sintió la llamada para huir a otros países con otra gente y poder compartir su fortuna. Sabia que sus padres se lo iban a negar pero sus ganas fueron en aumento. Al concluir el curso escolar sus padres quisieron recompensarla con una pulsera única, valorada en tantos millones que convertidos en comida podrían alimentar a multitud de niños y asegurar el bienestar futuro de infinidad de pueblos. Su generosidad la llevo a donarla por que ella no la quería. Al conocer los voluntarios a Marga quedaron encantados con ella. Les cometo que su sueño era viajar a pueblos desconocidos para sufrir con los enfermos, reír con sus alegrías, llorar con penas...pero sus padres no se lo permitían. Les pidió ayuda. Con sus palabras saltaron lágrimas y también ideas. En aquellos momentos un joven José, tuvo una formidable idea : si quieres ve haz realidad tu sueño y nosotros cuando estés allí se lo decimos a tus padres. Marga se marcho solo por ser feliz y lo más importante por hacer felices a los demás. Paso un día, dos y los padres desconocían el lugar donde se encontraba su hija. La noticia recorrió cada rincón del país. La respuesta andaba cerca. Una pareja de voluntarios se acerco a la lujosa mansión, en aquellos momentos de inquietud. Tocaron y los padres los atendieron educadamente, cuando estos le comunicaron que sabían donde estaba su hija sus ojos lloraron de alegría, hasta que al decirles que ellos le habían ayudado a marcharse y que estaba cumpliendo su sueño, su reacción cambio, no podían creerlo su hija se les había marchado de casa para seguir los latidos de su corazón si decirles nada. Echaron a los voluntarios de su casa y comenzaron a sentirse defraudados. Al cabo de unos meses Marga no les había llamado. En nochebuena recibieron un pequeño y extraño paquete en el venia una carta que decía: “Hola mamá y papá se que no comprendéis lo que hago, que pensáis que soy la deshonra de la familia, pero ¿os habéis preguntado por que lo hago? Si miráis en el fondo de vuestro corazón quizás lo descubráis, pero se que no vais a ver mas que dinero, joyas...en fin, egoísmo. Papás he decidido entregar mi vida por personas que no tienen nada material todo lo que tienen son uso corazones llenos de paz, amor y cariño. Con ellos he descubierto algo que no había sentido con vosotros el significado del amor y del cariño. ¿Sabéis lo que es levantarse por la mañana y que te den su desayuno? Ellos fabrican vuestras ropas y trabajan en haceros la vida mas fácil y vosotros le dais la espalda. Os quiero os deseo feliz Navidad, también deseo que mientras despilfarréis vuestro dinero os acordéis de que aquí hay niños que sueñan con una pelota para jugar, con un trozo de pan y no ser obligados a trabajar como esclavos. Yo ya he cumplido parte de mi sueño, ellos todavía no... Un beso Marga.” A esto le acompañada una foto de un niño enfermo en los brazos de Marga. En aquel momento sus caras se inundaron de lágrimas, su corazón de dolor, sus preguntas de respuestas y sus manos se sintieron vacías de trabajo. Desde entonces cada nochebuena recibe una carta y una foto mostrando las miserias y escasas fortunas de esos países que llamamos tercer mundo, pero ¿hay un tercer mundo?. .