El amor
Una vez me enamoré, me enamoré de verdad y aún hoy no he podido olvidar ese amor. En mi corazón empezó a nacer un sentimiento profundo, un sentimiento que al principio me hizo sentir la persona más feliz para luego sumergirme en la oscuridad de una profunda tristeza. Eran ocho años de bella amistad, era un chico adorable al que todo el mundo quería. Mi familia y amigos siempre nos habían descrito como la pareja perfecta, mas yo sólo lo quería como mi amigo. Con el paso del tiempo algo comenzó a cambiar en mí, la amistad daba paso a otro sentimiento igual de profundo, el amor. Recuerdo que quise negármelo durante mucho tiempo, quise convencerme de que lo sentía era lo mismo que años atrás. El día de mi cumpleaños fuimos a cenar y ya no pude ocultar más lo que sentía, él también me quería, durante todos esos años me juró amor. La felicidad de mi alma era inmensa, me había enamorado de mi mejor amigo, no podía imaginar una persona mejor a la que amar. Él había cambiado, mas yo no era conciente de esos cambios, yo sólo veía al chico al que amaba y que tantos momentos hermosos me había regalado. La vida que hasta entonces me había tratado mal, empezaba a sonreírme. Nos hicimos novios, mas no quise decirlo a la familia para que si no llegaba a funcionar no sufrieran. Dios quiso que mi felicidad se empañara y me quitó la única ilusión que tenía. El amor de mi vida se dio cuenta de que no eran las chicas lo que de verdad le atraían y yo quise morirme. Él luchó contra él mismo y quiso estar a mi lado, mas mis dudas eran tan grandes que no pude soportarlo y lo dejé libre para que encontrara el amor que a mi lado ya no sentía. A partir de ese momento él cambió radicalmente, empezó a disfrutar haciéndome sufrir, me hacía partícipe de sus conquistas y yo cada vez estaba más hundida. Aguanté durante varios meses está situación porque sentía que si no estaba a su lado estaría quebrantando nuestra amistad. Lo que sucedió después me demostró que esa amistad que había existido se la había llevado cada una de mis lágrimas. Quiso volver conmigo y aunque yo le dije que no podría volver con él jamás, con cada una de sus palabras me fue haciendo caer de nuevo. Llegó el momento en el que estaba decidida a olvidarlo todo y a volver a intentarlo, entonces descubrí que estaba con otra persona. Me estaba utilizando porque esta sociedad tristemente no acepta su situación. Ojalá aquella amistad que yo sentía en mi corazón siguiera en él, ojalá nunca se hubiera transformado en amor. Puedo decir que amando fui feliz, todo lo que sentí en mi corazón fue tan grande y hermoso... mas el alto precio que tuve que pagar por esa corta felicidad me hace replantearme si de verdad mereció la pena. Yo perdoné a mi mejor amigo, lo perdoné porque lo quiero tanto que no hay cabida para el rencor en mi corazón. Me quedo con lo mejor, con esos ocho años de verdadera amistad, en esos ocho años jamás sentí soledad, los momentos compartidos quedarán en mí guardados por siempre. El amor nos roba el corazón, corremos el riesgo de que sufra algún daño, mas merece la pena entregarlo. Para mí querer es algo muy grande, es lo mejor que tenemos las personas, por eso cuando quiero lo hago con todo mi corazón.