Un hogar normal
A los ojos del mundo el hogar de Ana parecía completamente normal, su padre un distinguido ejecutivo, su madre una inteligente abogada y Ana, una dulce niña de ojos tristes. Esta tristeza pasaba desapercibida para todos, nadie imaginaba cuanto dolor escondía en su alma. Un día me senté a hablar con ella, le pedí que me contara el motivo de su tristeza, ella negó estar triste y huyó de mi pregunta a paso ligero. Corrí tras ella, mas fue inútil porque no logré alcanzarla. Al día siguiente yo me hallaba sentada en el mismo lugar, me gustaba ir allí a pensar, a desconectar de todo. Cuando levanté la mirada y vi como Ana se sentaba a mi lado el corazón me dio un vuelco. Me contó todos los desprecios que su padre hacía a su madre, me contó como la escuchaba llorar sola en su habitación, como se sentía ella... Ana trataba una y mil veces de defender a su madre, mas era ella misma impulsada por el miedo quien se lo impedía. En su corazón había empezado a nacer el odio, odio hacia ese señor que maltrataba a su madre, que le estaba robando la vida. La madre de Ana era una mujer noble, tenía un corazón inmenso, se desvivía por ayudar a los demás y amaba a aquel hombre con todas sus fuerzas. Ana me contó que su madre era lo que ella más quería en el mundo, que estaba hundida en la vida de su madre y había dejado aparcada la suya. Recuerdo que en aquel instante la impotencia me hizo llorar, ver a aquella chica sufrir un daño tan profundo me partió el alma. Ella desde que había empezado a hablar tenía ganas de llorar, trataba de evitarlo porque estaba demostrándose a sí misma que ella podía ser fuerte. El padre de Ana nunca había pegado a su madre, o por lo menos eso era lo que ella creía, pero le dio golpes mucho más duros que una patada o una bofetada, le dio golpes a su corazón. Llevaban casados muchísimos años y tenían más hijos, mas la única que vivía en casa era Ana. El resto de sus hermanos conocían la verdad, mas todos intentaban maquillarla, evitar el dolor que verla tan clara les causaba. Tan sólo una de las hermanas de Ana había luchado por cambiar las cosas, una hermana que había estado junto a Ana a cada paso del camino. El amor con el que Ana hablaba de su hermana era algo inmenso, mas ni siquiera unificando sus fuerzas lograron que su madre las dejara defenderla de los continuos ataques. La historia de Ana es una historia triste, una historia que se vive en muchos hogares. El miedo y la desesperación nos hace callar, mas el silencio no nos puede salvar de las garras del dolor. Quizás la protagonista de esta historia no se llamara Ana, quizás la protagonista de esta historia tiene un nombre más cercano para mí. Pero dejemos que sea Ana la valiente capaz de contar su historia. Quiero dar las a mi madre por inspirarme todo el amor que siento, por enseñarme a caminar de su mano, por darme todo lo que soy y por darme lo más grande que tengo: su amor de madre. “Aprende a leer en el alma de las personas, quizás a tu lado haya alguien con una historia que contar, alguien que te espera con los brazos abiertos y quien a cambio de unos segundos te regalará toda una vida.”